| “Rocas en el río” La obra de Pollak presenta un primer plano del cauce de un río, centrado en un conjunto de grandes rocas parcialmente sumergidas, representadas con una marcada técnica de espátula que otorga gran fuerza material y expresiva a la escena. Las rocas, de formas irregulares y volúmenes sólidos, emergen y se hunden en el agua, creando un diálogo constante entre masa y movimiento. La paleta cromática está dominada por grises profundos, verdes oliva, tierras oscuras y sutiles matices violáceos en las piedras, contrastados con blancos rotos y verdes azulados que describen la corriente del agua. El río no es un plano uniforme: se percibe dinámico, agitado, con remolinos y quiebres que rodean las rocas, enfatizados por gestos rápidos y direccionales de la espátula. El agua se representa mediante capas superpuestas y trazos enérgicos que sugieren velocidad y turbulencia. Los blancos aplicados con mayor carga de pintura marcan la espuma y los choques del flujo contra las superficies pétreas, mientras que los tonos más oscuros indican profundidad y continuidad del cauce. La dirección del movimiento conduce la mirada del espectador a través de la composición, generando una sensación constante de desplazamiento. Las texturas son protagonistas: la rugosidad de las rocas contrasta con la fluidez del agua, aunque ambos elementos comparten una materialidad casi escultórica. No hay referencias humanas ni paisajísticas amplias; el encuadre cerrado refuerza una lectura íntima y casi abstracta del paisaje natural, donde lo esencial es la relación entre agua, piedra y energía. En conjunto, el cuadro transmite una sensación de fuerza natural y permanencia, donde las rocas simbolizan estabilidad y resistencia frente al paso incesante del río. La obra invita a una contemplación cercana, casi táctil, destacando la naturaleza no como postal, sino como experiencia física y viva. |